domingo, 11 de noviembre de 2007

Tutankamon o la extraña fábula

"¿Cómo sabés qué es lo que te mereces?". Esa fue una de las preguntas con las que me abordó durante una entrevista de trabajo uno de esos extraños maniquíes que pertrechados con el uniforme de alto ejecutivo trataba de psicoanalizar cualesquiera de mis escorzos con el único fin de vislumbrar el grado de semejanza que podía tener con ese eidético perfil que dejaban escapar cada una de sus palabras fieles al vocabulario interno de la empresa. Convertida en una especie de sombra, deshumanizada como todos aquellos que regeneran el delirio lorquiano , emulando a aquellos vacilantes insomnes que deambulan por entre los departamentos, apuntaba mis respuestas codificando mi identidad y mi destino en unas pocas casillas sin el más leve síntoma de emoción.

En un malabar juego de manos mi libertad para decidir qué hacer con mi vida se vio mermada, azotada por el latigo de la realidad. No posees todos los caminos, tan solo unas pocas sendas; cuando creas verte en la encrucijada frunce el ceño pues será otro el que eliga por ti. La feudalización laboral ha quitado la razón al pobre Whitman. El viejo Walt no comprendía como los breves sintagmas de una biografía podían siquiera pretender exponer o describir un segundo de una vida, cualquiera que fuera. Un individuo generaba una intensidad tal de libertad que resultaría inabarcable para el más erudito de los historiadores, para el más brillante de los biólogos.

Ahora un sintético párrafo da cuenta de millones de zombies que pululan sin pena ni gloria por el descarnado mundo. Uno de esos espectros con corbata tiene en sus manos la totalidad de mi bienestar, prepara la alquimia venenosa para transformarme en oscura sombra. Mi corazón henchido, émulo de Perceval, corre presto a su encuentro. ¿Quién decide qué es lo que mereces? ¿Quién evalúa y determina en última instancia la justicia que ampara tu libertad para el bienestar? ¿Quién escribe sobre unos pocos prejuicios quién eres y en qué te vas a convertir de manera irremediable? ¿Quién o qué, conjuga pues, este baile de ficciones en el que se ha convertido nuestra sociedad, capaz de hacer creer a un joven licenciado que sus posibilidades se reducen a la fortuna o a la inoperancia de algún desaprensivo que en un gesto de justicia poética conceda, merced a su ignorancia, un trabajo digno a este pobre sujeto? Eso mismo se anda preguntando el joven y fúnebre Tutankamon, insospechada pareja de baile para este filósofo que les habla.

Mi comunión con el ya veterano faraón se debe a dos factores que se han convertido irremediablemente en parametros básicos para la comprensión del estado que nos envuelve: la injusticia social enmascarada de un lado; la deformación de la historia del otro.

Cuando el joven Tutankamon corría, según algunos, he de suponer que el aire, merodeaba entonces la piel, con la misma suave caricia que hoy lo hace cuando agito la mano y lo divido en infinitas líneas invisibles. Son aquellos que aún creen que el pasado es inamovible y que sólo fluctua el presente y el inescrutable futuro. O más bien son aquellos que nos pretenden hacer creer en esa fantasía que inmoviliza el pasado. ¿Porqué? muy sencillo. Si el pasado es inamovible, si la Historia enseña los acontecimientos que ya no pueden modificarse, si creemos que aquello que cuentan de Antístenes y Napoleones es cierto, si vislumbramos esa objetividad histórica entendida como una erudicción de los hechos, legitimamos de forma encubierta la manipulación del discurso que genera lineas causales para modular el presente.

Para los más profanos, asentiremos sin vacilar cuando se nos diga que la Guerra es consecuencia de una nefasta política repúblicana, cuando se nos informe del contenido de algunas obras en principio generadoras de terrorismo etc. Aceptaremos sin más nuestro particular destino, en virtud del cierre irremediable de nuestra identidad en unas pocas líneas dibujadas por aquellos interpretes de la "Historia" que obvian la maleabilidad de su objeto. Se nos hará creer que no podemos hacer nada más para cambiar las cosas, que solo unas pocas posibilidades se presentan factibles debido a este hecho o aquel, mientras los que dirigen los destinos, aprovechan lo vácuo del pasado para reinventar instituciones, líderes y enconados enemigos.

Koselleck nos enseña que el tiempo es discursivo, que se genera a traves de la hermenéutica y que la objetividad histórica solo se obtiene en la relación de las distintas categorías que regulan el tiempo mismo. El historiador debe ser consciente de que la historia no se descubre, se crea, y el ciudadano debe estar más alerta aún, pues la historia es el principal arma para generar identidades, esas que parecen delimitar aquellos que presumen de ser eficaces tan solo por llevar un distintivo empresarial. Una identidad que no solo se conforma con la manipulación tanto de los hechos como la interpretación de los mismos, sino que se modifica a traves de las diferentes trabas que la sociedad impone a aquellos que quieren hacer oir su voz y se ven incapaces de desarrollar todo su potencial.

Tutankamon y su trágica historia es el paradigma de la voz democrática hoy silenciada de los filosofos. En la soleada tarde cairota alguien decide que su destino, elegido en libertad por el joven egipicio, no es el abismo, ni el metafísico encuentro con su alma para el posterior viaje con Ra, sino una confortable vitrina, donde servirá de improvisado escaparate para el particular deleite de impresionados turistas que de repente conparten con el joven faraón su malogrado "descanso" eterno.

Ese parece ser también nuestro sino, alguien estructura nuesta trayectoria ahogando en insatisfacciones todas las posibilidades que como licenciados tenemos. La ficción que se genera a nuestro alrededor regula la inmersión de algunos mediocres y oculta de manera eficaz la injusticia que se comete con nosotros (cómo demostrar que se nos suspende o se nos priva de becas por ser mejores). Asistimos mudos a la deformación de las ideas, a la casuística "orientalista", sin poder siquiera protestar pues los grilletes laborales que arrastramos nos impiden maximizar más el tiempo de estudio si no queremos perecer en el intento debido a que un buen día se nos olvidó dormir. Alguien ha decidido ya que seamos teleoperadores, albañiles, reponedores, que nuestra identidad se limite a aquello que en la vida pública apenas incide, nuestra historia se reduce al 12-1 a Malta, al descubrimiento de América y a qué felices somos en este rincón del mundo.

Al igual que a Tutankamon nos han metido en una claustrofóbica urna, han reducido nuestro espíritu a mero engranaje. Pese a todo, faraón y filósofo guardan un "as" en la manga. El rostro irreductible de la momia denuncia imperturbable la injusticia de su situación, nadie que se pasee y la vea puede irse sin sentir que aquel no es su sitio, que es testigo de una atrocidad, pues su mirada perdida hace miles de años aún busca ser encontrado por el alma errante . El filósofo resiste de igual manera, haciendo fortaleza de su espíritu, escrutando los textos infatigable, parapetando toda la basura que lo rodea, haciendo honor a esa verdad que es solo constructo, pero que no por ello es relativa; la objetividad de la misma reside en la amplitud de miras, en la justa descripción de ideas y hechos, y no en la simplificación pedagógica que a algunos sirve, para generar conflicto y mantener status de sospechosa genética.

Movamos a Tutankamon, no nos convirtamos en mera metáfora de este tiempo que nos tocó vivir, rebasemos los límites de lo que según algunos presumiblemente somos, y digamos la verdad sin tapujos. Si paseais frente a mi vitrina, por favor hechadme una foto.


Dos ejemplos de Orientalismo.

En la vida hay muchas casualidades; algunas no lo son y otras sólo parecen serlo. Una de ellas es el hecho de que haya terminado el libro "Orientalismo" de Said el día después de la pelea de bar entre nuestro jefe de estado -¿elegido sólo una vez?- con el presidente electo Chávez-elegido por tres veces- en Venezuela. ¿Merecen igual respeto? Sí y no.

No voy a centrarme en el debate sobre el incidente en sí, sino en sus consecuencias, de las que se extrae la "extraña" casualidad que quiero comentar. Todo se centra en la reacción de Rajoy al acontecimiento. Partiendo de su bajeza política y del nivel paupérrimo del PP para un ánalisis objetivo de los hechos, el señor Rajoy nos deja la perla de que Zapatero debe buscar sus aliados entre los gobernantes "Occidentales, democráticos y liberales".

De todo el incidente se ha derivado una actitud orientalista tal como la que nos describe Said en "Orientalismo", de ahí la casualidad. Cuidado con los discursos señor Rajoy, pues Foucault nos enseñó a analizarnos arqueológicamente hasta llegar a las instituciones de las que emanan el esqueleto de nuestros discursos; y su aportación al de la sociedad desde su posición deja mucho que desear, es peligroso y eterniza actitudes irreflexivas. Ello será explicado posteriormente.

Antes de Rajoy,un ejemplo claro de Orientalismo, el antiguo programa de Tv llamado Moros y Cristianos; si recuerdan consistía en un debate entre dos faccciones enfrentadas sobre un tema de actualidad. El nombre refleja, pues, que se presupone del contenido que los moros y los crisitianos tienen posturas irreconciliables como las que se veían en el programa, donde nunca había un acuerdo entre las partes de debate. Cuidado con las asociaciones de ideas de éste tipo ya que son un reforzamiento de las actitudes generales y prejuiciales hacia lo oriental, en este caso, lo musulmán. Sin duda que títulos de programas como este no contribuían en nada a un diálogo y una visión de lo oriental más real y positiva.

La frase anterior de Rajoy es un reflejo del orientalismo, como el programa de Tv; Zapatero sólo debería relacionarse con "Occidentales, democrátas y liberales", ¿como él y su colega Bush?. Rajoy asume en una particular asociación de ideas el tipo de gobierno con el que merece relacionarse; sin duda que no pensó lo que dijo, pero lo que ha dicho es lo que piensa, que sólo los accidentales son demócratas y liberales. Una de las características del Orientalismo es imponer una serie de actitudes irreflexivas al observador occidental; la primera, la del programa de Tv, presupone que el oriental es un ser extraño con el que no podemos llegar a un acuerdo y ello nos sitúa en un enfrentamiento constante. Otra actitud irreflexiva es la que deriva de la frase de Rajoy, definir el oriente a todos los niveles desde el "nosotros", el modo occidental, de forma negativa. Nosotros somos occidente, demócratas y liberales, luego el resto no lo es. El Orientalismo define el "ellos" desde el "nosotros" borrando toda particularidad y riqueza de los otros. Sin duda que Rajoy ha fundado esta asociación de occidente con democracia y liberalismo en conceptos generales de los dos últimos conceptos, y en una interpretación particular de nuestra historia y del resto del mundo, pues también existen países no occidentales democráticos como Japón, Turquía, etc. ¿Es que no merece la pena relacionarse con ellos? o ¿Es que no entran dentro del modelo de democracia patentado como infalible de forma unilateral por la derecha?

La frase de Rajoy es una muestra de como el uso de conceptos generales unidos a mentalidades particularistas y prejuiciadas, da lugar a visiones irreales y falsas, que sólo contribuyen, desde su posición de autoridad en la sociedad, a difundir y consolidar actitudes y prejuicios sociales e intelectuales, como los que Said denuncia en "Orientalismo".

J. Curado


sábado, 3 de noviembre de 2007

Pakistán y el héroe norteamericano Musharraf

No hay duda que leer noticias en internet es una de las actividades más usuales de los internautas; tienes la información puntual y desde varios puntos de vista, aunque casi siempre la misma no te explica el problema o cuestión desde sus causas profundas. Esto ocurre con una información que aparece hoy en la pagina de El País respecto a Pakistán; en la noticia se nos dice que el electo ex-general Pervez Musharraf ha nombrado el estado de excepción en el país, y ha ocultado al presidente del Tribunal Constitucional en un lugar indeterminado. Ese es el resumen de la noticia, a la que pretendo sustentar con algunas aclaraciones y hechos. El enlace de la noticia es http://www.elpais.com/articulo/internacional/Musharraf/declara/estado/excepcion/Pakistan/elpepuint/20071103elpepuint_8/Tes
Pakistán es uno de los países de los que no se suele hablar cuando se trata de terrorismo yihadista. ¿Por qué terrorismo yihadista y no islamista? La primera razón es que si lo tratamos como islamista, ello supone que su lucha se hace en nombre del Islam, lo cual puede ser verdad, pero no supone una buena etiqueta ni acertada, pues se criminaliza el Islam por el uso de unos pocos de su nombre. Además, al usar el término islamista se otorga a las acciones de los terroristas un significado religioso del que muchas veces carecen. En mi opinión es más acertado hablar de terrorismo yihadista, ya que los terroristas se autodenominan yihadistas y llaman a hacer yihad. Este término es más restringido y contribuye mejor a identificar a la minoría terrorista; lo contrario que ocurre con islamista, ya que pueden serlo muchos y no ser yihadistas, que son los que propugnan las acciones armadas.

Tras esta breve aclaración vuelvo a Pakistán, el objeto de la noticia de inicio. En estos momentos el país se encuentra en un período poselectoral tras la elección de Musharraf; el Tribunal Constitucional tenía que decidir si era posible la extensión de un nuevo mandato del ex-general por otros 5 años. No hay que olvidar la posición estratégica de Pakistán en la lucha contra el terrorismo tras el 11-S, pues se creó la unidad de contraterrorismo más importante del mundo que en 6 años ha capturado a 600 terroristas, entre ellos al cerebro del 7-J de Londres, Naim Nur-Ham. Poseen el mayor archivo sobre terroristas del mundo y son fuente de información constante para servicios de inteligencia de todo el mundo. Ello da una idea de la importancia de la labor de estos servicios de contraterrorismo, que actúan en ciudades laberinticas como Lahore, Islamabad o Karachi.

Toda su acción se encuadra en el marco de lucha contra el terrorismo iniciado por Estados Unidos tras el 11-S. Musharraf es sin duda uno de los grandes apoyos de los norteamericanos en dicha lucha y el apoyo más valorado, pues su actividad contra el terrorismo no se centra en la creación del efectivo Servicio Contraterrorista que tan buenos frutos ha dado. Musharraf ha decidido combatir a los terroristas en su terreno, en la zona de Waziristán, donde han gozado de total impunidad durante décadas para llevar a cabo sus acciones y promover el contrabando que tanto daño hizo al país durante el mandato de Benazir Bhutto, que se dispone a volver a Pakistán de nuevo. Musharraf ha eliminado del ejército al grupo de militares que eran afines a los talibanes; lo mismo ha ocurrido con aquellos elementos del servicio secreto, el ISI, que habían apoyado a los talibanes y simpatizaban con la ideología yihadista. Ello le ha supuesto varios intentos de asesinato, hasta ahora 8, que han causado numerosas víctimas. El último un ataque al Cuartel General del Ejército en Rawalpindi, donde se haya la residencia militar de Musharraf, que ha causado 7 muertos y 14 heridos.

La acción del ejército paquistaní en Waziristán no se centra sólo en el combate directo y la aniquilación de los elementos terroristas; también se estan llevando a cabo reuniones de altos cargos del ejército con las jirgas o consejos locales con el fin de prometerles mejoras en su nivel de vida e inversiones en infraestructuras a cambio de no colaborar con los terroristas. Todo ello con el dinero de Estados Unidos, que reiteradas veces ha solicitado al gobierno paquistaní permiso para mantener un combate directo con los terroristas en su territorio. La respuesta de Musharraf siempre ha sido la misma, no. Conoce el profundo sentimiento antiamericano de su pueblo y permitir que operen en su territorio le crearía muchos más enemigos de los que de por sí ya tiene.

Musharraf es consciente de los sentimientos de los paquistaníes: antiamericanismo y simpatía por Bin-Laden y su cuadrilla de Al-Qaeda. Como supone que es un problema de educación Musharraf se ha puesto manos a la obra. En Pakistán los niños pobres, que son la mayoría, son educados en las madrasas donde se les da una educación exclusivamente religiosa, además de recibir ciertas ventajas, como comidas. Ante esta situación Musharraf ha organizado varias reuniones entre los representantes estatales y los de las madrasas para obligarlos a introducir en las mismas un plan de estudio que sea interdisciplinar; al estilo occidental aunque manteniendo la educación religiosa. Este es uno de los caballos de batalla del futuro para Musharraf en su lucha contra el terrorismo; hasta ahora su nuevo plan de educación para las madrasas ha dado un cierto éxito, pues un 40% de ellas ha aceptado implantar el nuevo plan de estudios. Precisamente la crisis de la Mezquita Roja de Islamabad se debía, entre otras cosas, a que en ella se impartía una educación extremista a muchos jóvenenes paquistaníes y extranjeros.

Estas son las líneas de la lucha de Pervez Musharraf contra el terrorismo en su país, que cabe recordar es habitado por 150 milones de personas y tuvo un papel muy destacado en el ascenso de los talibanes al poder en el pasado a través de la intervención de su servicio secreto, el ISI. En estos momentos Pakistán se haya en un proceso poselectoral. Quizá la espera a que el Tribunal Constitucional se pronuncie sobre si Musharraf, ganador de las elecciones democráticas del 6 de octubre, podrá gobernar se haya hecho demasiado larga para un país que necesita tener una cabeza visible para no caer en el caos; tal vez por ello y por el miedo a acciones desestabilizadoras de los terroristas se ha declarado el estado de emergencia, tal como se nos dice en la noticia.


J.Curado

jueves, 25 de octubre de 2007

¿Cual es el fin de nuestra investigación?

Buenas a todos compañeros, desde el blog me gustaria lanzar un debate que aún no hemos tenido en las reuniones y que creo es esencial de cara a enfocar lo que vamos a hacer, pues si tenemos claros los fines será más fácil llegar a ellos. En mi texto de ideas iniciales de trabajo expongo el contenido de lo que voy a hacer más o menos pero no hablo de los fines en sí que se pretenden con dichos contenidos; por ello es positivo debatir los fines o lo que espera cada uno de su trabajo; creo que sería bueno colgar todos los resumenes para asi ver las intenciones de cada uno.

Hablando con Eduardo de PI y de los comentarios de Santi hemos llegado a un consenso o conclusión que puedo resumir en unas frases:

Santi dice que no conocemos al tigre, si es amigo o enemigo, si nos mata o nos resucita, pues nada garantiza un resultado, ya que todo fluctúa; por lo que propone ejercitar el intelecto para conocer y generar el suficiente poder como para ser conscientes, dominar y dominar-nos. En el fondo es lo que queremos hacer y lo que yo digo en mi texto; dar conocimiento, generarlo, y través de él transformanos o fortalecernos de cara a los problemas exteriores, pues solo el conocimiento nos hace más fuertes y mas libres, y por ende mas poderosos. Un hombre masa es efectivamente menos poderoso que nosotros, que somos capaces de generar opinion y es nuestro deber. Foucault diría de nosotros que somos elementos peligrosos para el sistema; ¿Es la patética situación social, económica, etc. en que nos encontramos los filósofos una casualidad? Yo creo que NO.

La finalidad de nuestro trabajo debe de ser que el hombre masa al que queremos llegar sea lo menos masa posible, en el sentido de que se despegue lo mas posible de las creencias que lo convierten en banal, y negativizan a lo exterior y extraño. Tenemos que revolver los prejuicios.

¿Qué opinais? ¿Estais de acuerdo? ¿Podemos de verdad hacer mella en el hombre-masa? ¿Es nuestra investigación desenmascaramiento, o sólo vamos a fortalecer con ella la supuesta máscara que muestra LO ESTABLECIDO?

Espero vuestras opiniones. Un saludo.
Jesús Curado.

Ideas iniciales de trabajo.

En el prólogo de la obra “Orientalismo” para el lector español, Edward W. Said reconoce que una de las críticas que más afectan a su libro es la que proviene de aquellos que le recriminan no haber tratado de forma especial la relación privilegiada de Occidente con lo Oriental dada en España, y en especial, en Andalucía. Sin duda es una carencia para su obra, que el mismo autor reconoce, no afrontar el intento de iluminar los hilos de las relaciones que se produjeron entre musulmanes, judíos y españoles desde las premisas y métodología de su obra.

Partiendo de la aceptación crítica de algunas de las premisas de la obra de Said y de un análisis discursivo-interpretativo de libros, archivos y otros documentos, se pretenden conocer las principales características, juicios y prejuicios del trato dado en España al mundo musulmán en los últimos siglos, y en especial, en los últimos años; sólo investigando las instituciones y siendo conscientes de las fuentes de opinión y creencias se puede llegar a una verdadera comprensión de uno mismo, y por extensión, del Otro, en este caso el mundo musulmán.

Precisamente dicho mundo representado por Turquía está a las puertas de Europa, y está reclamando su entrada en la Unión con fuerza y de forma plenamente legítima, poniendo en cuestión su identidad para algunos, y siendo capaz de enriquecerla para otros; de modo que sus relaciones históricas con Occidente, su pasado, su presente y su futuro, son objeto y tema de máximo interés en todos los niveles.

En conclusión, se pretende en estos dos ámbitos, el interno, España, y el externo, Europa, llegar a un autoconocimiento y una autocrítica tal que impida o mengüe los prejuicios y malentendidos que han venido sucediéndose entre el mundo musulmán y Occidente; de forma que el aumento de conocimiento mutuo contribuya a generar un diálogo poderoso y continuo lo suficientemente fuerte como para luchar contra un fenómeno que golpea a todos sin distinción: el terrorismo islámico.

Un saludo compañeros.
J. Curado.

miércoles, 24 de octubre de 2007

Saludo de bienvenida

Hola a todos los compañeros del grupo, espero que cada vez seamos más los que intentemos conocer y conocernos un poco más a través de este blog. Un saludo

martes, 2 de octubre de 2007

Cuando el Tigre de Pi me miró.

Ante todo agradecer la buena tarde que hemos pasado. Lo interesante de una buena reunión es aquella que te permite seguir con el sentimiento de vacío, con ese debate interno.

Hoy se ha hablado, entre muchas otras cosas, de un libro muy interesante, o al menos me lo ha parecido. Dicho libro, La Vida de Pi, nos narra la aventura que vive un individuo cuando se encuentra en una balsa, en medio del Atlántico y como compañero un tigre. A priori, nos podría parecer una historia no menos que estúpida que nos alegraría una tarde de aburrimiento, pero profundizando en la temática y acompañada de mis divagaciones, ha despertado una serie de cuestiones que me gustaría mostrar.

Supongamos que nosotros somos el protagonista de la novela, frente a ese inmenso tigre que aquí será nuestro sentimiento de culpa. El gran Atlántico, nuestras circunstancias directas, aquellas que influyen en nosotros de una forma compacta; e indirectas, aquellas que nos llegan de una forma más sutil pero que cumplen de igual modo sus función que nos es otra que hacer muescas en nosotros mismos.

Del sentimiento de culpa no somos conscientes hasta el momento que se nos recrimina o tacha o culpa o recomienda o (infinitos o) aquella conducta que es inmoral para el sistema que nos establecen a nuestro alrededor, reitero en hablar desde la postura de aquel que desconoce el sentimiento de culpa, sentimiento muy necesario para el constructo humano. Recordemos que nos movemos por una pacto de sadomasoquismo donde hoy me toca desear sufrir y mañana me toca sufrir deseos.

Esto nos lleva a seguir con nuestra historia de tigres, náufragos y grandes oceanos de tiempo y culpa. Cuando nos abren los ojos y nos enseñan que nuestra culpa no es mas que un gran tigre, el cual tarde o temprano tendrá hambre, sentimos que no somos más que eso, alimiento de tigre, y esto nos puede llevar a varias vías ante la problemática con la que nos encontramos:

a) Luchar contra el gran felino.

b) Saltar al mar y enfrentarnos al Atlántico.

c) Pensar en una solución.

Tomemos la solución que tomemos, el tigre sigue ahí. Ninguna de ellas me va a permitir matar al tigre. La primera opción no es más que acabar con mis sufrimientos, y si yo muero, muere el tigre. Ya que el grado de categoría que yo le doy, desaparece en el instante que dejo de existir.

La segunda opción dependerá de mi capacidad de natación frente a un oceano de prejuicios y autoculpas. ¿Durante cuánto tiempo seré capaz de luchar contra corriente? No olvidemos que el tigre es uno de los pocos felinos que ni temen al agua ni temen cazar en ella y que si ya ha atacado a un humano, le pierde el miedo este. Por tanto, si saltamos a ese mar de reproches, si nuestra culpa a rayas tiene hambre, saltará tras nosotros. Esto nos lleva a la opción a), nuevamente.

La tercera opción es pensar cómo salir de ese atolladero. Esto nos lleva a la reflexión, a pensar cuáles son nuestras posibilidades y ser capaces de llegar a comprender qué es lo que realmente tenemos frente a nosotros. ¿Es esta la mejor de las opciones? Posiblemente no. Pero como bien dijo aquel pensador alemán << El que lucha con monstruos debería evitar convertirse en uno de ellos en el proceso. Y cuando miras al Abismo, Él también mira dentro de ti.>>

No somos alimento de tigre. Ni somos dos entes separados. Ni somos ajenos a ese Atlántico, que si bien es misericordioso con el protagonista de la novela, con nosotros no deja de ser lo que es, esa fuerza que nos transforma a su imagen y semejanza. Somos un conjunto de cuerpos rotos que necesitamos recomponernos y volvernos a romper. Necesitamos de esa relación sadomasoquista. Necesitamos que el Tigre nos mire para vernos reflejados en sus pupilas. Y será en ese momento, cuando nuestra piel se torne a rayas y nos bebamos el Atlántico...

Muchas gracias.
Eduardo Vergara Aguilar, Sin palabras desde el Infierno.