jueves, 15 de noviembre de 2007

Ahmed Rashid: "La represión de Musharraf está dirigida contra la sociedad civil laica, y no contra los extremistas y los talibán"

El diario El Mundo pública hoy en sus páginas de opinión un articulo del periodista y escritor pakistaní Ahmed Rashid, autor del libro Los talibán. Rashid denuncia el estado de excepción impuesto por el presidente Pervez Musharraf con el fin de seguir gobernando en Pakistán después de ocho años en el poder.

"Jamás un gobernante militar había ordenado a las fuerzas de seguridad que dieran palizas a miles de abogados, periodistas, mujeres y miembros de la sociedad civil en las calles, que los llevaran a rastras hasta las cárceles y acto seguido los acusaran de traición".

Según Rashid la brutal represión esta dirigida por entrero contra la sociedad civil laica y los partidos políticos del país y desdice los objetivos públicamente proclamados por el régimen militar de poner freno a los extremistas islámicos y los taliban paquistanies, que mantienen su actividad en el norte del país donde siguen apoderandose de territorios y ampliando su poder en alianza con los taliban afganos y Al Qaeda.

El autor destaca que no se ha detenido a ningún extremista islámico, ni a ningún jefe de ninguna organización terrorista. El mismo día en que se impuso el estado de excepción, 3 de noviembre, el ejercito puso en libertad a 28 talibán pakistanies y afganos que estaban en las cárceles. Dos de ellos cumplian condenas por atentados con bombas.

Musharraff ha anunciado que se celebrarán elecciones el 9 de enero pero que no se levantará el estado de excepción hasta que él mismo haya fijado la fecha de renuncia a la jefatura de las fuerzas armadas, cargo que ha ocupado desde 1998. Mientras formará un gobierno de transición encargado de sacar adelante las elecciones.

El hecho de que, ya en 2002, y bajo mandato de Musharraf se celebrasen unas elecciones fraudulentas y con un estado de excepción vigor, hace que según Rashid, nadie dude de que las próximas elecciones estarán amañadas en un grado muy superior a favor de los candidatos que cuentan con el beneplácito del ejército.

La grave situación actual de Pakistán, en contraste con las crisis que recientemente han sufrido otros paises como Birmania, Georgia o Venezuela, se enmarca en una tensión internacional fruto de los apoyos que sucesivos gobiernos pakistanies han dado a terroristas y la venta de armas nucleares a estados como Libia, Iran o Corea del Norte.

Pakistán es el único país musulman que posee armas nucleares y el caos reciente ha despertado el miedo a que esas armas puedan caer en manos extremistas. Además, según informes de los servicios de espionaje de Estados Unidos, Pakistan es en la actualidad el centro de mando y control de la dirección de Al-Qaeda, los taliban afganos y otros grupos de Asia central.

El autor comenta que a pesar de todo esto los Estados Unidos han dado la callada por respuesta. Bush sigue prestando su apoyo a Musharraf y la respuesta europea ha sido de una indiferencia similar, a pesar de reclamar unas condiciones democráticas más exigentes. No sorprende por tanto que Musharraf haya declarado que no esperaba ninguna sanción ni reducción de la ayuda exterior que Estados Unidos presta a Pakistán a pesar de las medidas autoritarias adoptadas.

Desde el punto de vista de Rashid, Washington se ha planteado su dilema sobre Pakistán a partir de una alternativa simplista: o apoyan el proceso democrático y la sociedad civil o apoyan a las fuerzas armadas en la lucha con el terrorismo. Pero ningún gobierno puede librar con éxito una guerra contra el terrorismo sin estabilidad, sin un mínimo de legitimidad democrática y sin el apoyo de la mayoría de su pueblo.

En palabras del autor: "las medidas de Musharraf han desestabilizado Pakistán hasta un punto como no lo había estado jamas en toda su historia, mientras que Bush ha pisoteado el sentido común y los intereses de los Estados Unidos a largo plazo con su apoyo a Musharraf".


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